LA FILOXERA (DAKTULOSPHAIRA VITIFOLIAE)

Filoxera

Cuesta creer que un insecto milimétrico como éste pudiera poner en jaque a todo el viñedo europeo y que en estos momentos sólo pequeñas partes del globo tengan la suerte de no sufrir su presencia como las Islas Canarias o Chile.

La filoxera llegó a Europa a finales del siglo XIX (1863) desde Norteamérica donde no causaba grandes desperfectos si bien desde 1854 ya se conocía su existencia. Llegó a Francia primero oculta en cepas importadas del nuevo continente para su estudio en la lucha contra el Oidium, a través de viveros que vendían esas a viticultores o directamente importadas por viticultores franceses.

Como decimos, el parásito de la filoxera ya se había detectado en 1854 gracias al trabajo del entomólogo Asa Fitch sobre cómo los insectos afectaban positiva o negativamente a la agricultura. Aunque la filoxera principalmente atacaba las hojas por lo que no afectaba a la producción vitivinícola en exceso.

El problema surgió cuando el pulgón llegó al continente europeo y se encontró con una tierra “repleta” de vitis vinifera 100% vulnerable en tiempos en los que la viticultura estaba en pleno auge, sobre todo en Francia. En pocas décadas el viñedo europeo se redujo a menos de la mitad y se llegó a pensar que acabaría extinguiéndose.

De entre todos los enemigos que tiene el viñedo, que no son pocos, la filoxera ha sido sin lugar a dudas el peor de todos ellos.

Se trata de un insecto hemíptero que llega como mucho a los 1,25 mm de longitud y que se alimenta de las vides succionando la savia y provocando en un par de años la muerte de la planta.

El pulgón de la filoxera tiene un ciclo biológico tan complicado que durante años los entomólogos lo estudiaron pensando que eran insectos distintos ya que ataca tanto a las hojas como a las raíces y se presenta en forma de larva y de insecto alado. De ahí que se le haya dado distintos nombres como Daktulosphaira vitivoliae (Fitch, 1854), Pemphigus vitifoliae (Fitch 1856), Dactylosphaera vitivoliae (Fitch-Shimer 1867), Viteus vitifoliae (Fitch-Shimer 1867), Rhizaphis vastatrix (Planchon 1868) Phylloxera vastratix (Planchon-Signoret 1868) o Peritymbia vitisana (Westwood 1869).

De forma muy sencilla. El insecto asexuado en su forma alada pone un sólo huevo en invierno que queda depositado sobre el tronco de la vid. Al llegar la primavera el huevo eclosiona y la larva (hembra) sube a las hojas donde comienza alimentarse; es aquí cuando aparece en la hoja una agalla en la que se instalará la nueva generación de larvas. Esta primera larva fundatriz pone hasta 500 huevos que forman nuevas colonias gallícolas partenogénesis (todas son hembras). De las nuevas generaciones cada vez más larvas emigran a las raíces donde don continúan reproduciéndose durante al menos seis generaciones más también por partenogénesis. Todo esto sucede durante la primavera y el verano.

Al finalizar el verano sale a la superficie la primera generación de hembras aladas que ponen huevos sobre los sarmientos; esta generación será sexuada, es decir, dará lugar a machos y hembras las cuales serán las encargadas de poner un sólo huevo cerrando así el ciclo. Es decir, en cuestión de semanas la planta está completamente infectada y en cuestión de meses la planta muere irremediablemente.

Éste sería el ciclo completo que se da en Norteamérica donde la fase aérea es mucho más virulenta que la subterránea. En Europa, sin embargo, sólo se produce el ciclo radícola, es decir, que el pulgón ataca las raíces. De ahí que fuera complicado asociar la filoxera norteamericana con la europea.

El caso europeo resultó especialmente devastador porque la variedad de vitis vinifera es la más sensible a la plaga. Cuando las larvas llegan a las raíces comienzan a succionar la savia matando las células de la planta; la vid reacciona generando gallosidades que junto con el tejido muerto impiden que los fluidos se muevan normalmente por la planta. Además las picaduras dejan las raíces a expensas de otros invasores como bacterias o virus por lo que la planta apenas puede defenderse.

La forma de acabar con la plaga de forma definitiva no llegó hasta el uso de portainjertos. Mientras tanto se intentaron otros métodos más o menos eficaces. Actualmente existen tratamientos químicos eficaces (duchar la parte aérea e inyectar gas en el suelo) aunque resultan bastante caros. Se intentó matar el huevo de invierno aplicando sobre el tronco de la vez una mezcla de sustancias (cal, aceite de hulla, naftaleno, agua) pero los resultados no fueron muy alentadores. Se intentó también con cierto éxito ahogar al pulgón inundando los viñedos aunque no todos los terrenos ofrecían esa posibilidad y los viñedos de regadío no producen los mejores caldos. Se descubrió también que en los suelos arenosos el pulgón tiene muchas dificultades para pasar de una planta a otra ya que no tiene la posibilidad de formar túneles (los terrenos arcillosos al secarse crean túneles que el insecto utiliza para moverse de un viñedo a otro).

La revolución vino de la mano del portainjertos. La única forma de acabar con la plaga fue unir las características de las vides de ambos lados del Atlántico. Las cepas americanas eran resistentes en sus raíces y las cepas europeas en la parte aérea así que así nació el portainjertos. Actualmente las cepas de todos los viñedos constan de dos partes: la raíz es de una cepa resistente a la filoxera y sobre ella se injerta la cepa europea correspondiente. En la actualidad se utilizan híbridos de cepas resistentes de forma que cada terreno, clima y vino utiliza el portainjertos más adecuado.

Para la selección de portainjertos se utiliza una escala (Vialá y Ravaz) que mide la resistencia de la vid al ataque del pulgón donde 20 sería un valor dado a plantas inmunes a la epidemia y 0 el valor asignado para las vides que no ofrecen ninguna resistencia.

Para que se hagan una idea aquí tienen varios ejemplos de vides y su valor en la escala Vialá Ravaz: Vitis rotundifolia (19), Vitis riparia (18), Vitis rupestris (18), Vitis cordifolia (18), Vitis berlanderi (17), Vitis solonis (15), Vitis novo mexicana (14), Vitis labrusca (5), Vitis Vinifera (0).

Casi un siglo a costado “erradicar” o al menos sufrir levemente los efectos de la plaga de la filoxera aunque en la actualidad los expertos siguen alerta por la posibilidad de que el pulgón pueda desarrollar biotipos resistentes.